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viernes, 8 de febrero de 2019

Terapia Cognitiva Comportamental del Estrés Postraumático Dr. Herbert J. Chappa


El IEPT  es mucho más frecuente de lo que se lo diagnostica, por esta razón Connory y Durham (2002) afirman que puede considerarse un trastorno oculto ya que pasa sin ser advertido por muchos profesionales cuando las cifras estimadas pueden superar el 10% de las consultas.
            Estas observaciones resaltan la necesidad de tener en mente sus características, explorar clínicamente y por medio de instrumentos de screening a los pacientes.
            De no detectarlo su costo social es muy grande en razón de la cronicidad y comorbilidad de este trastorno.

Terapia Cognitiva Comportamental del Estrés Post Traumático

                Dr. Herbert J. Chappa

En el Congreso Estrés Trauma y catástrofes en Internet: a un año de Cromagnon
Organizado por IETBA Instituto Estrés Trauma Buenos Aires
Auspiciados por (entre otras):
AASM Asociación Argentina de Salud Mental
Asociación Médica Argentina,
SAPSI Sociedad Argentina de Psicotrauma,
Sociedad Española de Psicotrauma,
APSA Asociación Psiquiatras Argentinos.
Asociación Argentina de Terapistas Ocupacionales y
Asociación Argentina de Musicoterapia.

       
Las experiencias traumáticas, en grado diverso, son parte inherente al hecho de vivir. Una experiencia traumática genera preocupaciones y recuerdos intrusivos, es decir, procesos de pensamiento o imágenes relacionados con el hecho que se imponen a la conciencia involuntariamente. Se piensa que estas reiteraciones tienen por objeto producir una modificación de las emociones relacionadas de modo de llevar a la persona un aumento de la tolerancia al contenido negativo y desagradable.
Pero no en todas las personas se produce este proceso de adaptación progresiva. Aproximadamente un 24 %  presenta un cuadro clínico de estrés postraumático dentro de los 6 meses de haber experimentado la experiencia traumática.  En estos casos se  produce en ellas una incapacidad de integrar las experiencias negativas. Esto puede obedecer a distintos factores.
Por un lado está el carácter de la experiencia por su intensidad o gravedad, riesgo de muerte o lesiones. Tal es el caso de catástrofes naturales, como las que impactaron ciertas regiones del planeta (terremotos, tsumanis o huracanes devastadores); desencadenados por imprudencia o impericia humana (el caso Cromagnon), o acciones intencionales (violación, asalto, guerra o atentados terroristas) entre otros. En este ultimo grupo, el incremento del llamado estrés urbano resulta particularmente alarmante.
Se trata en general de experiencias que difieren de todo lo imaginado que produce un shock en el sistema de creencias y en las actitudes sostenidas hasta ese momento.
En otros casos, de menor correspondencia entre el impacto estresante y la reacción la experiencia vivida actuaría activando creencias y temores anteriores al trauma. Podría por último actuar el impacto a favor de alguna vulnerabilidad pre-existente determinada por experiencia previas negativas (como el abuso sexual) o genéticas.  

En todos los casos estamos ante una experiencia que se inicia como psicosocial pero que trae consecuencias biológicas que no son fáciles de neutralizar y que se traducen por síntomas diversos: hiperarousal (sobre-reactividad, sobresalto fácil); perturbaciones de la capacidad de atención, distractibilidad; pobre discriminación de estímulos; trastornos en las respuestas emocionales, etc. Es decir síntomas similares, en varios aspectos, al que se presenta en el llamado trastorno por ansiedad generalizada.

            Al mismo tiempo se constata la presencia de manifestaciones diversas de tipo evitativo: que puede abarcar desde los lugares y situaciones similares a aquella en la que se experimentó el trauma, así como pensamientos y recuerdos vinculados al mismo hasta la de toda situación de cierto tenor emocional (embotamiento afectivo). Se trata de la vertiente fóbica del trastorno por estrés postraumático.
En cualquier caso se producen cambios significativos en la vida de las personas afectadas, la que comienza a girar en torno al trauma.
            Dado el espectro de condiciones que pueden llevar el PTSD, su cronicidad y su incidencia descriptiva del funcionamiento del afectado, desarrollar tratamientos eficaces resulta uno de los desafíos más grandes.
            Desde la perspectiva cognitiva se considera que el común denominador del estrés post-traumático es la incapacidad de la persona para procesar la experiencia traumática. A esta dificultad subyacen perturbaciones de significado que resultan de la experiencia traumática y que inciden principalmente en dos grandes áreas: las relacionadas con la imagen o conocimiento de la realidad (el mundo) por un lado y con la imagen de uno mismo, por otro.
En este sentido el mundo, el afuera se torna indiscriminadamente peligroso, mientras que la persona, la imagen de si mismo, se torna débil, incapaz de afrontar las demandas de ese afuera amenazante
            De acuerdo a estas premisas el tratamiento del Estrés Post-traumático tendrá varios objetivos
·         Ayudar a la persona a procesar la información
·         Reducir los síntomas perturbadores
·         Modificar los significados relativos a si mismo aumentando sus recursos de afrontamiento
·         Aumentar el poder de discriminación respectos de las situaciones externas en la dimensión seguridad amenaza y en grados de peligrosidad.
·         Prevenir las recaídas.

Abordajes terapéuticos cognitivo comportamentales
            Un tratamiento efectivo del estrés post-traumático debe incluir necesariamente estrategias psicoeducacionales, exposición y reestructuración cognitiva para lograr los objetivos antes expuestos.
Adicionalmente será importante predecir y prevenir los riesgos de recaídas en cada caso en particular.
A estos efectos se recure a distintas estrategias terapéuticas, solas o en combinación con psicofármacos. Las estrategias farmacológicas no serán consideradas en esta presentación.
Las intervenciones cognitivas tienen por objetivos lograr que la persona pueda ver el trauma como un hecho distinto, único e integrarlo a su experiencia de vida de modo de poder discriminar entre peligro y seguridad; reducir las intrusiones  y la evitación y poder verse a sí mismo como alguien más capaz. L
 Por su parte as intervenciones comportamentales se emplearan para superar la ansiedad especifica y eliminar o reducir la evitación.
Ambas se combinan, además para ayudar a la persona a que disponga de más recursos mediante la adquisición o reforzamiento de estrategias de afrontamiento:
Pasemos a considerar los distintos recursos terapéuticos que se emplean en esta orientación. 
Estrategias Psicoeducacionales
       Esta fase incluye información respecto de cómo se adquieren las reacciones fóbicas y los temores y nociones sobre el sistema de alarma (arousal). Se hará hincapié en cómo el trauma produce el debilitamiento de nuestras creencia respecto de la seguridad, la autoestima y de nuestro sentimiento de autoeficacia.
       Esta fase puede incluir psicoeducación respecto de otros trastornos (depresión, ansiedad) de acuerdo a la comorbilidad asociada al EPT.
Estrategias de Exposición
Si se considera que en la base del trastorno existe una capacidad reducida para procesar la experiencia vivida, la terapia deberá facilitar el procesamiento para reducir los síntomas.
De acuerdo con esto se deberá lograr
a)    Que los registros de los recuerdos resulten activados
b)    Brindar nueva información alternativa que resulte incompatible con los elementos de las estructuras (cognitivas) generadas por el trauma, de modo de formar un nuevo registro.
El paciente debe recibir información de las características generales del tratamiento y brindarle una descripción comprensible de los procedimiento que se van a seguir con el objeto de lograr mayor cooperación. Se especificará que se trata de una tarea compartida y que contará con el apoyo y contención permanente del terapeuta. Ya que se trata de un trastorno que espontáneamente o a favor de la activación de recuerdos generar momentos de ansiedad fuera de la consulta es necesario que la persona cuente con la posibilidad de comunicación permanente con su terapeuta, miembro del equipo o centro de atención.
La base racional de la exposición a los recuerdos del trauma reside en que, al activar el temor se brinda una oportunidad para integrar la información correctiva y modificar las estructuras o esquemas cognitivos disfuncionales. Estos esquemas contienen las memorias traumáticas EPT que se caracterizan, como hemos expuesto antes por:
 a) representaciones del mundo con un lugar indiscriminadamente peligroso; y
 b) el self inadecuado para afrontarlas.
Estos recuerdos se presentan desorganizados, en el sentido de no mostrar un encadenamiento secuencial y claridad pobres, y por lo tanto más difíciles de modificar. Esto se apoya en los relatos de las victimas, que expresan la desorganización en forma de pensamientos inconclusos, repeticiones, lagunas en la evocación, etc. La reorganización de los recuerdo de una sesión terapéutica a otra se correlaciona con la mejoría.
Una vez que el trauma es emocionalmente procesado, el sujeto es capaz de ver el trauma como un hecho distinto, único y diferencia peligro de seguridad experimenta una reducción de las intrusiones  y de los comportamientos evitativos, comenzando a verme como con más recursos.
      Las tareas de exposición se efectivizan de distinta maneras pero en todos los casos es prioritario presentar al paciente los fundamentos         del tratamiento, obtener información detallada de la problemática, planificar la estrategia a seguir en el procedimiento de exposición que tendrá como guía la jerarquía de temor ordenadas según el grado de ansiedad o evitación que cada situación o recuerdo generen de modo de acompañar al paciente a exponerse –en imágenes o en vivo- de modo sistemático y progresivo, de aquellas circunstancias más leves a las que producen mayor temor.
Uno de los recursos es alentar a explorar los recuerdos reviviéndolos repetidamente (técnica del video). También puede solicitarse como tarea traer por escrito aquello que sea capaz de recordar y leerlo en la sesión individual o frente al grupo.
   Una variante de exposición la constituye la técnica conocida como EMDR (Eye movement desesitization and reprocesing). Se pide a la persona que imagine escenas del trauma o las evoque verbalmente mientras sigue con la mirada el índice del terapeuta que lo mueve horizontalmente delante de sus ojos. Es igualmente eficaz producir un golpeteo sobre su mano. La tarea se completa con la detección de cogniciones o pensamientos involuntarios que surgen durante la evocación y la focalización en las variantes emocionales y los síntomas de ansiedad experimentados.
   Cualquiera la técnica de exposición que se emplee las sesiones deben ser realizadas por terapeutas experimentados no solamente para guiar la reformulación de la experiencia sino también para brindar contención emocional, de otros modo podrían agravarse los síntomas de ansiedad y depresión y los sentimientos de culpa.
  
   Estrategias para aumentar la capacidad de afrontamiento

   El Entrenamiento en Inoculación al Estrés (SIT por su sigla en ingles :Stress Inoculation Trening) parece tener un impacto más directo sobre los autoesquemas (self) aunque no influyen directamente sobre la reorganización de la memoria traumática. Es una variante de las técnicas conocidas como Entrenamiento en Habilidades de la Regulación de la Ansiedad (Anxiety Managment Training Skills) que se emplea en la ansiedad crónica.
Está conformado por un grupo de procedimientos combinados, los que se instrumentan luego de una fase psicoeducacional como la descrita, destinados a la adquisición y aplicación de estrategias de afrontamiento (EDA). Las EDA pueden ser corporales (control respiratorio, relajación), cognitivas (reestructuración cognitiva, ensayo cognitivo de acciones de afrontamiento, registro de pensamientos intrusivos fuera de la consulta, modificación del auto diálogo),
o comportamentales (biofeedback, rol-playing) entre otras.
El SIT mediante relajación, el control respiratorio y la reestructuración cognitiva, fortalece la imagen del self como afrontador. Además puede influir en la percepción del miedo de dos maneras:
a) al aumentar el sentimiento de control, aumenta la tolerancia de las memorias traumáticas,
b) reduce la valencia peligrosa de hechos futuros.

En suma: la repetición o revivir el trauma (exposición) cambia el esquema del miedo mientras que el SIT cambia el esquema del self. De modo que se estima que la combinación de ambos puede resultar más efectiva. Los estudios realizados comparativamente entre exposición, entrenamiento en habilidades de afrontamiento y su combinación dio por resultado que los tres formatos son eficaces, sin embargo la exposición resulta de utilidad para los trastornos asociados, como la depresión.

Combinación de Estrategias de Exposición y de Afrontamiento

Los éxitos de ambas técnicas en forma individual llevó a pensar que su combinación resultaría más eficaz.
Un estudio comparativo de Exposición sola, Afrontamiento sola y ambas combinadas mostró que las tres técnicas son eficaces, pero que la Exposición resultaba útil también para la psicopatología asociada (depresión por ejemplo).
          Una forma combinada de tratamiento es la denominada M-CET (multiple-channel exposure therapy; Falsetti SA y Resnick HS. 1997) incluye psicoeducación sobre el trauma, sobre el estrés postraumático y sobre las crisis de pánico. Los pacientes son entrenados en buscar las evidencias respecto de sus temores y creencias y poder identificar las sobreestimaciones respecto de resultados desfavorables, sus pensamientos catastróficos y su tendencia a la sobregerealización sin correspondencia con los hechos, no tomando en cuenta aspectos importantes de la situación de valencia positiva. Como fuera señalado antes, la exposición se conduce alentando al paciente a escribir sobre el trauma sufrido y construir jerarquías de las situaciones temidas, de menor a mayor. La exposición a los síntomas de ansiedad critica, tipo pánico se realiza mediante exposición interoceptiva que incluye ejercicios tales como subir escaleras, movimiento bruscos de cabeza y cambios bruscos de posición que pueden activar sensaciones similares a las del pánico (Chappa y col. en prensa)

Algunas consideraciones clínicas

La Terapia Cognitiva Comportamental es muy efectiva en la mayoría de los TEP, pero algunos pacientes no responden y otros continúan con síntomas. Una de las dificultades reside en que los pacientes suelen ser renuentes a la reactivación de los recuerdos del trauma. Para aumentar la motivación se debe:
1) Explicar suficiente y repetidamente las bases racionales para hacerlo;
2) Permitir que la persona se aproxime gradualmente al trauma; de modo de que se sienta en control de sí misma durante todo el proceso evocativo
3) En las sesiones posteriores se lo alentará a entrar en una exposición más detallada
4) La sesión no debe terminar inmediatamente después de una exposición. Se debe evaluar el nivel del estrés y usar control respiratorio al finalizar la exposición.
5) Si la exposición provoca ansiedad y perturba al paciente se debe dar la posibilidad de un contacto telefónico, y lograr que acepte que inicialmente puede sentirse peor.
Aclarar antes de la exposición que:
            a) Se buscará revivir la situación
            b) Deberá verbalizar en tiempo presente
            c) Es de ayuda cerrar los ojos
            d) Trabajará junto con el terapeuta.

En todo momento el terapeuta dará aliento y reforzamiento durante la exposición con frases como “lo está haciendo bien, mantenga la imagen, deje progresar lo que siente”. También explorará la emergencia de cogniciones:”¿qué siente?”, “¿Qué piensa?, “Siente algunas reacciones físicas?” , “qué ve... huele... etc. ahora?”.

          Las sesiones no deben terminar bruscamente. .Al finalizar se realizará control respiratorio y una exploración suplementaria sobre recuerdos, pensamientos, dificultades; ampliando información sobre todo aquello qué pueda hacer el T para ayudar. Se evaluará el nivel de ansiedad buscando reducirlo y que la persona retome el sentimiento de control sobre si misma-

Conclusiones

El abordaje terapéutico del TEP dispone de varias alternativas que también son eficaces para los trastorno comórbidos asociados., como las que hemos descrito, solas o en combinación. Debe tenerse presente la necesidad de realizar una exhaustiva evaluación, historia clínica completa, síntomas predominantes, recursos de afrontamiento pre-existentes y la naturaleza del procesamiento cognitivo del paciente antes de organizar las opciones terapéuticas. No habiendo investigaciones concluyentes, debe usarse un sistema de decisiones individualizado para la selección de las estrategias que mejor se correspondan con las necesidades del paciente.


Bibliografía consultada

Bessel A. Van der Kolk, Alexander C. McFarlane y Lars Weisaeth, Editores: Traumatic Stress. New Yor, Guilford Press, 1996
Barbara Olasov Rothbaum y Edna B. Foa: Cognitive-Behavioral Tratment for Posttraumatic Stress Disorder. Cap 22 en Van der Kolk, Mc Farlane y Weisaeth, 1999 (op.cit).
Chappa Herbert J: Terapia Cognitiva Comportmental de TEPT. Cap 15 en Sivak R y Liberman J. (comp.) Estrés, Trauma Y Desastres. Herramientas Teórico-Clínicas. Akadia Editorial, 2007.
Chappa Herbert J: Terapia Cognitivo- Comportamental del Trastorno por estrés postraumático. Congreso Colombiano de Neuropsicofarmacología, Bogotá, febrero de 2001.
Chappa Herbert J y col: Tratamiento Integrativo del Trastorno de Pánico. Editorial Paidós, 2006,
Michal :: Estrés: signos, fuentes, síntomas, soluciones. Ed. Roche, Basilea, Suiza.
Sheny A. Falsetti : Cognitive-Behavioral Therapy in the Treatment of Posttraumatic Stress Disorder. Prímary Psychiatry.; 1 0(5):78-83, 2003
Sivak R y Liberman J. (comp.) Estrés, Trauma Y Desastres. Herramientas Teórico-Clínicas. Akadia Editorial, 2007.











miércoles, 6 de febrero de 2019

Fragmentos sobre la (no) indicación de un acompañamiento terapéutico. Mauricio Porto, acompañante terapéutico, psicoanalista. (Brasil)


Fragmentos sobre la (no) indicación de un acompañamiento terapéutico.

            Soy acompañante terapéutico de la ONG ATUA - Red de Acompañamiento Terapéutico. También soy psicoanalista, y viví una situación con un paciente en análisis en la cual pensé sugerir el acompañamiento terapéutico, pero terminé no haciéndolo. Aquí intentaré decir porque no se indicó un acompañamiento.
            Gustavo es un muchacho que, a los veinte años, tuvo un brote. Llegó hasta mi consultorio traído por los padres cuando ya no salía más de su casa. Había cambiado el día por la noche, veía televisión todo el tiempo, no se bañaba, ni comía, por asco, la comida en que fulano hubiera tocado. Sin embargo lo peor se pasó cuando empezaron los ataques agresivos, primer contra la madre, después contra la hermana, después el padre, hasta pegarle a la abuela.
            Hacía ya un año que Gustavo había terminado el secundário. Desde entonces, se aislaba dentro de casa. Sus únicas conexiones con el mundo exterior eran la televisión y las historietas (comics). Para dimensionar la gravedad de la situación, debo decir que, ya en el período inicial del tratamiento, Gustavo, después de pelearse violentamente con la hermana, amenazó suicidio rompiendo los vidrios de la ventana del departamento donde vivía, para tirarse desde allí.
            Llevamos un buen tiempo del análisis hasta que Gustavo comenzó a verse fusionado con los personajes de las historietas, y así transformo su vida en una especie de universo mágico y fabuloso. Solo después de esa distinción, pudimos investigar la mitología de sus super-héroes y super-enemigos. Eso permitió que él se reorganizase emocionalmente, pudiendo volver a frecuentar las clases preparatorias para los exámenes de ingreso a la facultad.
            La mayor demanda de contacto con los otros, aunque mínima, volvió a aterrorizarlo. La enorme retracción y la intensa angustia por tener que estar en el mundo, muchas veces me llevaban a pensar en sugerirle el acompañamiento terapéutico. Imaginaba que un curso de dibujo de historietas, por ejemplo, sería un excelente dispositivo para Gustavo ejercitar sus formas de comprender el mundo.
            Pero, a lo largo del tiempo, me di cuenta qué los “nos” de Gustavo no significaban solamente retracción. Pedía sobretodo una vida filtrada a través de su lentifición. Talvez porque hayamos encontrado esa lentitud, Gustavo presentó los exámenes e ingresó en la facultad. Él se puso muy contento con esa perspectiva de devenir adulto, en la manera más ordinaria que la mayoría de nosotros se organiza: una facultad, y después, una profesión.
            Mientras tanto, en las vísperas del inicio de las clases, Gustavo llegó al pánico absoluto. Temiendo los tradicionales ritos de iniciación, muy comunes en Brasil, no sabía como llegar a la facultad para asistir a las primeras clases. El miedo de ser humillado lo hizo comenzar las clases solo en la tercera semana. La ansiedad de Gustavo creció hasta que el me confirmó que nunca más volvería a la facultad. En ese mismo día, su madre me llamó al teléfono para decir que se dispondría a quedarse en la esquina de la universidad mientras Gustavo intentase permanecer en la sala. Fue entonces que pensé otra vez en el a.t.. Pensé en el a.t. como una referencia, álguien no discrepante, disponible para Gustavo y su horror. El a.t., además ser menos infantilizante y menos endogámico de que si la madre estuviese allá, podría favorecerle a Gustavo ese início, difícil ya de entrada.
            Mientras pensaba en todo eso, sentía un nítido desaliento cuando imaginaba indicar un a.t. para estar con Gustavo en ese início. Entendí qué sugerir un a.t. significaría el veredicto a respeto de mi desconfianza en la capacidad de Gustavo para enfrentar aquella situación tan crítica. Comprendí que Gustavo necesitaba contar con sus propios recursos: tenía algún deseo de superar la situación, los padres estaban próximos y podrían, por ejemplo, llevarlo hasta la puerta de la facultad; y que todo aquello no se sustentase, significaría que Gustavo no estaba preparado para dar un paso de aquel tamaño.
            A los pocos días y con mucho trabajo psíquico, Gustavo logró aproximarse a dos muchachos con quiénes estableció un vínculo y esbozó un lugar para soportar los comienzos. Todo este esfuerzo, no evitó su desistencia temporaria, ocho meses más tarde...
            Pero seguir ese análisis nos llevaría hacia más lejos de lo que nos interesa aquí, que es la indicación de acompañamiento terapéutico. Interesarnos comprender que Gustavo, desde el comienzo del análisis, traía su deseo: él no quería salir de casa, él no quería venir al análisis, él no quería hacer ninguna cosa; cuando pudo ir a la facultad, inmediatamente él ya no quería ir a las clases. Tenía un “deseo de no”. De ese modo, mantenía preservada una unidad para su persona.
            Sé que se trata de una posición bien difícil y arriesgada ésa de afirmarse “siendo-no”... El fuerte incómodo que siempre sentí al pensar proponerle el acompañamiento terapéutico, tan fuerte a punto de nunca haberse materializado, venía de ese "deseo de no" que Gustavo oponía. Había en el una interioridad, un Yo formado, una Forma en la “forma del no”.

            Ahora, aproximemos esa experiencia con Gustavo del fragmento de un acompañamiento terapéutico hecho por un colega a.t., que yo seguía en una supervisión en grupo[1]. Desde  el inicio de ese acompañamiento con Alberto, el a.t. detectara en sí mismo un cansancio, causado por el “enyesamiento” de estar, todo el tiempo, al lado de un muchacho inmovilizado y helado, que no dejaba pasar nada. La historia de Alberto era llena de abandonos y una separación abrupta de la madre lo lanzara en una especie de derrumbe incalculable. Su inmovilidad paralizante intentaba garantizar una mínima interioridad para su cuerpo en riesgo de dilución.
            Hacía ya algunas semanas que, cuando el a.t. llegaba, Alberto estaba siempre sentado en el sofá. Permanecía en el mismo lugar y, a veces, en la misma posición corporal, durante todo el encuentro. Las miradas y las palabras eran raras, inclusive si el atê trataba de establecer algún contacto. La impresión de “empiedramiento” solo crecía. Congelado, Alberto no contestaba a las preguntas del a.t., ni reaccionaba a los toques que el atê experimentaba hacer en su cuerpo.
            Todo seguía alrededor de ésta casi catatonia, cuando una única cosa empezó andar. En este estado de parálisis, Alberto, en algún momento del encuentro con el a.t., empezó a babear. Lentamente, la saliva que se acumulaba en su boca desbordó, y empezó a escurrir por un canto de los labios, derramándose sobre la blusa, sin cualquier reacción de parte de Alberto. Aquella baba, escurrió adelante del a.t., como un interminable rio de saliva. Corrió sin parar, causando enorme asco en el a.t.
            Alberto parecía auto-provocarse sensaciones a través de esta substancia líquida, como hacen los autistas. Esa boca de Alberto que babeaba, abierta en la presencia del a.t., era la apertura para la dilución infinita del yo, pero era, al mismo tiempo, la configuración de una puerta para lo Abierto.
            Entonces, en ese instante, el a.t. hizo el gesto interpretante: agarrando un pañuelo de papel, empezó a enjuagar la baba de Alberto, comenzando el contorno de este agujero de dónde vertía lo sin-forma. A medida que limpiaba la baba de Alberto, el atê le suministraba las primeras marcas de algún borde. Mientras el atê circunscribía para Alberto su boca, dibujandole el esbozo de una finitud, pasó a describir su gesto. Le contaba que estaba limpiándole la boca, porque una vez más ella empezara a verter. Limpiabale la boca inerte, pensando que Alberto podría cuidar de adentro; podría... pero ya que dejaba desbordar lo de adentro, el atê secabale la baba, contornándole una boca.
            Esta situación toda se repitió más algunas veces, hasta que el propio Alberto empezó, con un pañuelo, a cuidar de la propia baba, mostrando su comprensión a respeto de los gestos del a.t.. El salto puede ser enorme, pero dos meses después de ese episodio, una pelota que siempre estuvo parada por ahí surgió, desplazando el campo de juego del cuerpo de Alberto para el espacio del patio de la casa. Alberto, sorprendentemente ágil, jugaba a la pelota.

            Entonces, dejaré en el aire una idea que me hizo aproximar ésas dos situaciones clínicas aparentemente tan diversas. Parto de la constatación de que tanto Gustavo como Alberto están enfermos; o sea, tienen disminuidas sus capacidades de producir vida en sus propias vidas. Toda fuerza libidinal de cada uno de ellos es investida principalmente en la autoconservación de sí mismos. Pero, cada uno de ellos se enferma de modo distinto: Gustavo, por un lado, afirma, para sí y para los otros, un deseo y una voluntad propios. Mientras afirma deseo y voluntad, al mismo tiempo, enflaquece aquello que afirma cuando afirma un deseo-de-no y una voluntad de negar... Al hacer de la negación, su voluntad, desprecia la vida y la enflaquece. Transforma su vida en una ficción, irrealiza la vida, idealizandola en otra forma que yo llamaría de superior.
            Si Gustavo demuestra tal voluntad de negar, Alberto hace otra cosa, más radical: Alberto es el protagonista del nada de voluntad. Para él, no se trata de la voluntad de negar, y sí de la negación de toda voluntad. Su enfermedad es la extinción, el no-ser. Respira la abolición de la vida y en ese sentido, está mucho más abrazado con la cara mortal de la Muerte[2].
            És en la senda de esa diferencia que podremos comprender porque Gustavo resiste y recusa la entrada del atê, mientras Alberto lo recibe. La resistencia de Gustavo corresponde a la capacidad qué él tiene de afirmar algo del vivo, aunque afirme una vida negativada, mientras que Alberto quiere y necesita alguien a su lado, en su habitación, más cerca, ligado a su cuerpo que cayó en la pasividad mortífera y sin palabras.
            Así, hasta que punto podemos avanzar en la generalización para determinar en que situaciones psíquicas el acompañamiento terapéutico es una indicación qué puede dar luz a un cuerpo, y dar un cuerpo a las palabras, ¿y en que situaciones es contraindicado porque no haría más que “psicologizar” la vida y detener lo vivo?

Noviembre, 2003.
Mauricio Porto, acompañante terapéutico, psicoanalista.
Institución: ATUA – red de acompañamiento terapéutico.


[1] Agradezco a Enrico Faldini con quien tuve la oportunidad de compartir esta elaboración del acompañamiento terapéutico.
[2] A causa de ese propio lanzamiento en lo tan abissal, Alberto aproximase de otra muerte: una muerte que no termina, una muerte que antes es un poder-morir, infinitas veces. Esa muerte que antes es un morir, es la cara vital de la muerte. Es lo Informe. Es también aquello que Freud llamó de Inorgánico, tiempo del originario, ámbito del brotamiento original de las pulsiones antes de sus destinos, espacio intacto del Real.

viernes, 1 de febrero de 2019

EL A.T., LA FORMACIÓN Y LA PROFESIONALIZACIÓN


EXPOSICIÓN XI Congreso internacional de A.T. Sao Paulo, BRASIL
EXPOSITOR : EN VLADIMIRO A. CHIATTONE

Teniendo en cuenta por los distintos momentos que ha pasado el  acompañamiento terapéutico, desde su denominación, su génesis, su clínica, etc., hablar de una formación específica, es hablar de un proceso de maduración al que ha llegado la profesión y los alcances legales, de tratamiento y de derechos a los que ha alcanzado su objeto de estudio. Desde un comienzo el Acompañamiento Terapéutico fue pensado como una alternativa profesional para aquellos que estaban estudiando otras carreras, y que “trabajar de” Acompañante Terapéutico le permitía poder desarrollar un campo profesional previo al egreso de sus estudios, esto conformaba un profesional “de paso”, el acompañamiento terapéutico era un “mientras tanto” y cuando realmente quien lo ejercía llegaba a un punto perfecto de clínica y saber en el acompañante terapéutico, egresaba de su carrera y, obviamente, comenzaba a ejercerla y luego ese paciente era abordado por otro acompañante terapéutico que estaba en las mismas condiciones profesionales que el anterior, esta realidad llevo a un estancamiento legal/profesional de casi 30 años, se formaban acompañante terapéutico, en clubes, consultorio privados, etc. y cada formación era distinta a la otra, en mi ciudad, La Plata Provincia de Buenos Aires, llegaron a convivir 19 cursos , con formaciones variadas y tiempos disimiles, que iban de los 3 meses a los 12 meses, presenciales, semipresenciales y en linea, cursos que enseñaban a tomar la presión, girar a los pacientes para que no tengan escaras o la biblioteca completa freudiana/lacaniana o conceptos de las terapias cognitivas conductuales, pero muy pocos, explicaban el verdadero concepto del acompañante terapéutico, el encuadre, la diferencia entre el rol y la función, etc., todo esto por una razón muy simple, no era necesario, o quien impartía el curso, simplemente no lo sabía. Esto llevo casi 25 años, cuando alguien contrataba a un at, lo hacía de acuerdo a SUS necesidades, entonces buscaba a la persona que esté dispuesta a ser guiado por familiares o directores de geriátricos, etc. Sin intervención interdisciplinaria, así fue que encuadrar se convirtió en una tarea imposible y el acompañante terapéutico se convirtió en un cuidador, esta experiencia se trasladó a varias ciudades de la provincia de Buenos Aires. Entonces el acompañante terapéutico  se dividía entre los estudiantes de psicología y las personas que durante mucho tiempo se dedicaban a cuidar personas y ahora hacían el curso de acompañante terapéutico, solo para cobrar más, pero en la realidad seguían haciendo el mismo trabajo, sin regulación, sin reconocimiento, y sin representación el acompañante terapéutico era un comodín en el ámbito de la salud y es claro que digo salud en general sin precisar ninguna especificidad, porque no la tenía. Esto llevo a que en el año 2012, nos dirigiésemos al ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires a plantear esta realidad, y que además a ellos los tocaba de cerca, dado que el estado cubría la prestación mediante su Obra Social llamada I.O.M.A. (Instituto Medico Obra Asistencial), además de tener en varios hospitales públicos pasantes de cursos de acompañante terapéutico y además un programa de externación llamado “Andamiaje”, conformado casi exclusivamente por a.t, es entonces que decide conformar una mesa de trabajo interministerial (Educación y Salud) para la conformación de un programa específico para toda la provincia. Para esa tarea se convocó a referentes de toda la provincia, el trabajo fue arduo, costo ponerse de acuerdo, la mesa estaba constituida casi en su totalidad por psicólogos, médicos, trabajadores sociales, etc. Pero solo había un acompañante terapéutico, en ocasiones 2, el resultado primario de aquellas reuniones fue un extenso programa de varias materias, pero ninguna de ellas, se llamaba acompañamiento terapéutico, luego de varias deliberaciones se conformó un programa, igual de extenso, pero esta vez sí con una materia llamada acompañamiento terapéutico, este programa pretendía formar técnicos superiores en acompañante terapéutico, muchos pensaban que era demasiado y así fue que de una formación de 1800 horas se bajó a una de 60hs, salió así a la luz la resolución ministerial número 1014/14, con materia tales como: prácticas, salud pública, psicopatología, principios médicos y de psicofarmacología, contextualización del campo profesional, principios básicos de acompañamiento terapéutico, y es así como comenzaron a formarse profesionales de acompañante terapéutico, en instituciones habilitadas para tal efecto, luego, salió la resolución 1221/15, ya era la tecnicatura, o sea en provincia de Buenos Aires, se puede cursar la formación superior de 640 hs y luego acceder de manera optativa a la tecnicatura hasta completar las 1800 hs, ahora en este soñado mundo de la profesionalización, quedaron colegas afuera, aquellos que se habían formado antes del 2014, para ellos se conformó una mesa evaluadora que pensó y llevó a cabo un examen que deberían pasar todos aquellos que estaban enmarcados en esta opción, se trabajó 1 años más, pero en Argentina hubo un cambio de gobierno y de políticas en salud, en las cuales el acompañante terapéutico no estaba contemplado y mucho menos el reconocimiento por parte del ministerio de salud, así que la profesionalización quedó a mitad de camino, la formación se convirtió en un negocio para unos pocos, algunas asociaciones quedaron solo como institutos de formación, el estado se alejó de esta realidad y ahora son las universidades quienes se pelean para lograr presupuesto para poner una formación de acompañante terapéutico situación compleja dado que volveríamos al principio, ahora el acompañante terapéutico se formara bajo los conceptos de la Facultad que tome su formación, algunas tratan de imponerla como título intermedio, conformando así, otra vez a profesionales con fecha de vencimiento, de hecho en algunas no siquiera está pensado incluir at en la formación, sin ir más lejos, integre la mesa de formación del programa de dichas resoluciones, fui declarado experto at en la provincia de Buenos aires, por el ministerio de salud, pero no pude dictar la formación dado que no tengo título de grado o no soy técnico en at, título que obviamente no existe, entonces la formación que do nuevamente en manos de otras profesiones, esto me lleva a pensar que si le preguntamos a los psicólogo sobre acompañamiento terapéutico, tal vez un 80% sepa que es, si le preguntamos a los médicos estimo que un 50% sabrá de que se trata, de los terapistas ocupacionales un 70%, ahora si le preguntas a los acompañante terapéutico sobre SU profesión, el 100% sabrá de que se trata...entonces estadísticamente cuando se pide un Acompañante Terapéutico lo más efectivo es el Acompañante terapéutico. Sin ánimos de entrar en ninguna discusión inconducente, a partir de este pensamiento, que a primera mirada parece ser obvio, pero que si miramos un poco más detenidamente, esconde algo más, que su aparente obviedad, esconde la ausencia de la utilización del recurso de un equipo interdisciplinario y el triunfo o, mejor dicho, la permanencia del modelo Medico Hegemónico, en varios países de América Latina, tal el caso, a modo de ejemplo, en el año 2016 el mes de Mayo, viajamos a Cuba, a dictar un seminario de Acompañamiento terapéutico en Facultad de Ciencias Médicas de la Habana, con el Dr. Juan Manuel Rodríguez Penagos, de México, luego de dos días de trabajo y con más de 70 profesionales presentes, decidimos cerrar la charla con un taller, para pensar las aplicaciones del Acompañamiento terapéutico en la Isla, el resultado de estos intercambios fue claro, el Acompañamiento terapéutico como recurso despertó una fascinación tal que hoy en día, el Dr. Justo Reinaldo Fabelo Roche la utiliza como materia de estudio, hasta me ha pedido y así lo hice, que escriba en el boletín de adicciones de la Facultad, pero por el momento es inaplicable, dado que no existe el trabajo interdisciplinario y por lo tanto la existencia del recurso es imposible, pero concluimos que formando profesionales en espacios reconocidos y que su formación tenga el peso teórico necesario para abrir espacios, el acompañante terapéutico será una realidad en poco tiempo. Este ejemplo como muchos otros demuestra una realidad, el acompañante terapéutico durante mucho tiempo fue formado es espacios límites y en idiomas que les eran prestados al acompañante terapéutico, hoy hay una gran proliferación de libros sobre el acompañante terapéutico, y no creo que haya que promover una destitución de esa lectura, como se propone en algunos foros, ni transformarlos, ni negarlos, son los textos que han fundado la profesión y como tales son el pilar del acompañante terapéutico, yo creo que hay que releerlos y traducirlos a un idioma propio, la construcción de una identidad se basa en saber que somos y eso se aprende, y no se aprende de manera empírica, la empírea solo nos enseñar a hacer, mas no a enseñar, y lo que se sabe se debe enseñar para que perdure, es por eso que el acompañante terapéutico durante años fue ejercido por otros, el acompañante terapéutico siempre fue un extranjero, un paria, se ejerció en un mientras tanto, si vemos la bibliografía, y no es un intento separatista esta observación, gran parte de ella en su tapa antes del nombre del autor dice Licenciado, Doctor. Etc., pero pocas veces a casi nunca dice acompañante terapéutico, se revaloriza otras profesiones por encima de las del acompañante terapéutico aun en equipos interdisciplinarios, me ha tocado estar en congresos de acompañante terapéutico, y mis compañeros de mesa me han preguntado que era, y respuesta era siempre la misma, acompañante terapéutico y la repregunta era siempre la misma, sí, pero que estudiaste, pocas veces ser acompañante terapéutico era condición necesaria para estar en un congreso de acompañante terapéutico, esta discusión ya la he tenido y con respecto a los libros la respuesta es más o menos lo mismo, soy acompañante terapéutico pero también soy psicólogo, y pienso si sos acompañante terapéutico, porque no pones acompañante terapéutico, si fueses piloto de aviones, pondrías eso?, esta postura con el tiempo se va modificando, no mucho, hay presiones, hay intentos de sostener viejas políticas para mantener nuevos privilegios, pero hay una resistencia nueva que va surgiendo de los espacios de formación, ahora el acompañante terapéutico, es un profesional, inscripto y reconocido por el estado (en Buenos Aires y gran parte de la argentina), otras luchas quedan por pelear, debemos romper hegemonías y debemos ser representados por una entidad estatal, para que la profesión y la formación sean llevadas a cabo por personal idóneo y no por quien tiene los recursos monetarios para hacerlo.
Por ahora, mi único anhelo es que quien sea acompañante terapéutico, haya estudiado para serlo y que haya sido formado por profesionales que sepan del acompañante terapéutico.

jueves, 31 de enero de 2019

invitacion


La Habana, 1 de enero de 2018
A: Vladimiro Chiattone 
Presidente de la Fundación ATALYC 

De: Justo R. Fabelo-Roche PhD
Coordinador General del Centro de Desarrollo Académico en Drogodependencias Universidad de Ciencias Médicas de La Habana.

Asunto: Invitación a brindar un seminario sobre Acompañamiento Terapéutico en
La Habana, Cuba

Por medio de la presente le curso una invitación oficial a nombre del Centro de
Desarrollo Académico en Drogodependencia y del Capítulo de Estrés y Salud Mental de la Sociedad de Neurociencias de Cuba para que imparta un Seminario sobre Acompañamiento Terapéutico en La Habana, Cuba.
Este evento científico se prevé tenga lugar durante los días 28, 29 y 30 de octubre de 2019 y servirá para afianzar el creciente interés que despertaron en Cuba acercamientos anteriores al Acompañamiento Terapéutico como forma específica de contribuir a la rehabilitación del paciente mental crónico y la adherencia a los tratamientos.
Todo lo cual le comunico para su conocimiento y efectos pertinentes.
Con saludos cordiales,


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Dr. C. Justo Reinaldo Fabelo-Roche
Coordinador General CEDRO
Universidad de Ciencias Médicas de La Habana
 

miércoles, 30 de enero de 2019

El Acompañante Terapéutico respecto del conocimiento, la significación y el deseo (de acompañar) - Por Daniel Katz -


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 El autor propone pensar la cuestión de “qué es un acompañante terapéutico”, como una pregunta en elaboración. Buscando definiciones orientadoras, se encuentran conceptos que nos llevan al terreno del trabajo interdisciplinario, al campo de la salud, los dispositivos, lo cotidiano, lo terapéutico y el psicoanálisis.
 Introducción: algunas referencias
  En una entrevista a Gustavo Rossi, del 19 de Julio de 2017 “El AT es un nexo, articulador, entre lo clínico y lo comunitario” (1), el experto en AT, describe la práctica como dadora de contenido terapéutico a lo cotidiano y como dependiente de un proyecto terapéutico orientador:
 “... Un pilar: el AT va a darle un contenido terapéutico a situaciones de esa vida cotidiana, como planteo en mi libro (AT: Lo cotidiano, las redes y sus interlocutores), a actividades de la vida diaria, en la medida en que su función se delimita en forma artesanal en relación a una estrategia terapéutica, a un proyecto terapéutico que orienta esas situaciones… como pueden ser el momento de un desayuno, una caminata en la ciudad, una salida recreativa, el momento de la cocina para preparar la cena, la previa al irse a dormir por ejemplo cuando aparece el acelere del maníaco, la angustia, el insomnio y la soledad que desespera en ciertos casos...” 
   En un artículo de una pionera conceptual del AT, Susana Kuras de Mauer,
“Acompañamiento Terapéutico, su valor como dispositivo”, en la Imago Agenda (2),
es taxativa en cuanto al AT como dispositivo:
 “... En distintos momentos pensamos al acompañamiento como un aporte complementario al trabajo psicoterapéutico y psiquiátrico, como un agente en Salud Mental, como parte de un tratamiento de abordaje múltiple.
 ... La imagen de ser el comodín del mazo, que interviene con voluntad y entusiasmo llenando huecos, sin encuadre (aparente) ni reglas del juego, incrementaron la desconfianza en los posibles aciertos de la indicación terapéutica. Más aún, debilitaron la valoración y el reconocimiento de lo original de su aporte,...
 Si hoy fuésemos sorprendidos con la pregunta, que pese a los años transcurridos, retorna con insistencia, podríamos aventurar como respuesta: el acompañamiento terapéutico es un dispositivo... “
   Nuevamente lo define el Lic. G. Rossi en uno de sus textos (3), de manera más técnica:
 “El AT es un recurso clínico especializado que opera desde un abordaje psicoterapéutico. En forma articulada con el profesional o el equipo terapéutico que lo indica”.
  Para finalizar este breve recorrido, en un intento de reunir el AT con el psicoanálisis lacaniano, Mauricio Castejón Hermann se pregunta, en su libro Acompañamiento terapéutico y psicosis (4):
 “¿Habría una teoría del método para el AT?... un acompañante terapéutico atravesado por la ética del psicoanálisis, se confunde con la misma perspectiva determinada por el tratamiento padrón. Hay especificidades entre ambos ‒AT y clínica stricto sensu‒ pero también hay fuertes puntos de contacto...
 El AT, sus raíces y sus avances teórico-clínicos no se apartan del movimiento de substitución de los manicomios, a la vez que no es posible afirmar que la invención del AT esté separada de la reforma psiquiátrica. Ahí se creó una especificidad importante: alguien que desempeñara la función de acompañar al loco en su errar por los espacios de la ciudad. Eso es acompañamiento, eso es terapéutico.”
Despojo y desconocimiento
  Particularmente, pienso que la región de donde debe salir la definición, es desde el corazón de la práctica misma, esto es, la experiencia del acompañar. En estas enunciaciones, así al pasar, cuesta leer algunas huellas de tal experiencia, lugar de donde puede salir una luz más radical al respecto. ¿Qué es de la experiencia en sí?
   El Acompañamiento Terapéutico no es sin el acompañante y su acompañado, sin sus singulares experiencias, su paso por ella. Y como en toda experiencia, se tiene una idea de cómo se entra en ella, pero ninguna idea de cómo se sale. Y con suerte, lo que entra no es idéntico a lo que sale.
   Nadie nace siendo acompañante terapéutico. Incluso, la capacitación en el mejor de los casos, le aporta un saber, un conocimiento y un título que significan un plus, un más. Por el contrario, adelanto que en el AT, no se trata de un plus, si no, de haber padecido un despojo y haber arribado a un desconocimiento.
 La distancia de sí
   En principio, el acompañante terapéutico, es una persona como cualquier otra, pero con un deseo específico: acompañar, y que ese acompañar tenga algún tipo de efecto sobre el acompañado. La sorpresa, si se ha pasado por la experiencia, es que algo le ha acontecido también al acompañante, algo le ha vuelto bajo la forma de un distanciamiento.
   Entonces voy a intentar algunas definiciones en este sentido, esto es, no desde la capacitación ni lo interdisciplinario, no desde el deseo de curar, no desde el deseo de que las cosas anden bien o lo mejor posible. Voy a empezar postulando que un acompañante terapéutico es aquél que gracias a su propia experiencia como acompañante, ha logrado tomar una distancia de sí.
   Generalmente vivimos en la necesidad arraigada, del "conocimiento de sí mismo" y de las significaciones inequívocas, del sentido común, consensuado. Necesitamos la costumbre y el hábito, lo cotidiano pautado, reglado, significaciones inmóviles que nos garanticen la comunicación, que nos aseguren nuestra identidad para con nosotros mismos y para con el otro. Preferimos que nada cambie.
   Abrazamos el reino del consenso, donde las palabras detienen el movimiento del mundo. Necesitamos acatar lo establecido por los discursos amos, que nos mantienen en una zona de término medio.
   Para un acompañante terapéutico, que alguna o varias veces haya hecho una verdadera experiencia de acompañamiento, lo inamovible es inviable, pues está expuesto constantemente a la dinámica del padecer psíquico, de la locura, que desmienten profundamente las significaciones establecidas.
   Un acompañante terapéutico es alguien que ha llegado a desconocerse. Esto es, ha luchado contra el peso de su personalidad, de su identidad, detrás de las que se esconde un ideal y una ilusión de “no-falla”, como percepción de sí mismo y de los otros. El Acompañamiento Terapéutico nos proporciona la posibilidad de, cada tanto, desconocernos y percatarnos de la distancia que hemos logrado con respecto a nuestros propios afectos e identidad.
 Lo urgente
   El acompañante comienza a serlo cuando ha logrado poner entre paréntesis la urgencia, el deseo y el furor de curar, para transformar aquello que lo urge, en elemento de espera, de trabajo y escucha paciente. Y eso que lo urge, no lo atrapa por su faz presumiblemente objetiva. Porque sabe, tiene la convicción de que ello está en devenir, en formación, no acabado.
  Para el acompañante, prima la subjetividad sobre la objetividad. Y lo subjetivo, justamente es lo que está en constante re-definición. Esto involucra al acompañante en todo su quehacer, su práctica de diversas maneras.
   Ahí están los informes de un acompañante, que nos brindan la posibilidad un apartado del tipo “Observaciones”, cuya finalidad es comunicar, transmitir la modalidad en que algo es “experimentado, vivido” por el acompañante, y no la supuesta objetividad de ese algo.
Lo literal vs. una nueva significación
   El acompañante es alguien que se ha enemistado con lo literal, y por ende, con lo inequívoco y objetivo. Las significaciones estancas, petrificadas, inmóviles, coaguladas, le son extrañas, sospecha de ellas. Lucha contra las significaciones universales, descree del “para todos”, por ende, deplora lo habitual, el hábito, como matriz de significación detenida, consensuada, de una vez y para siempre. Si toda significación está cristalizada, ya no hace falta cuestionar ni re-definir ni re-pensar nada.
   Lo literal ya no permite entender nada, no deja hueco que haga lugar a las significaciones por venir. Podemos poner en serie la costumbre, lo habitual, el para todos, y lo literal.
El acompañante, si lo es, está a la espera de una significación nueva, alternativa, que desmienta a las significaciones para todos, las significaciones del sentido común.
Abrir la distancia
   Cuando nuestro acompañado nos sorprende con la irrupción de una palabra, de un dicho imprevisto, una invención descabellada, ¿cómo nos reflejamos en eso nuevo que emerge, en esas palabras que derriban el sentido común?
  Así, la locura es el espejo inesperado en el que nos miramos, del que emana una significación Otra que echa por tierra nuestro ideal de identidad al que siempre aspiramos, desplegando ante nosotros lo inaudito: que el mundo no tiene una significación acabada, y que toda significación, no se detiene, está en proceso.
   Acompañar es resistirse a que el acompañado quepa en un diagnóstico, lo que conlleva la presunción de que el mundo no entra en el molde del lenguaje. Abrir la distancia entre el diagnóstico y nuestro acompañado, es parte del éxito de un Acompañamiento Terapéutico. Porque la locura misma nos muestra la ambigüedad de la relación entre los hechos, las cosas y el lenguaje.
   El mundo no se detiene en los conceptos, en el lenguaje. El acompañante espera la emergencia de esta oscuridad, de este punto opaco en el sentido. Y esta relación entre la oscuridad del sinsentido y el sentido, enriquece y le da espesor a nuestra propia relación con el lenguaje, con la palabra. Permite tanto al acompañado como al acompañante una convivencia en la palabra, difícil de sostener en otro ámbito.
   Tal vez, en muchas ocasiones, para el acompañante terapéutico, ser el blanco del rechazo, del desconocimiento, del desprecio, por parte de la comunidad médico-psiquiátrica, tenga su asidero en el campo de las significaciones, porque la sintomatología (esto es, el estudio de los síntomas) y el diagnóstico, tienen vocación de congelar las significaciones en pos de un comunicar, tienden al axioma, al saber, a la objetividad, al consenso.
   Mientras que el acompañante siempre está de cara a la singularidad, al no saber, a la espera de la emergencia de lo subjetivo, de lo no dicho, de lo dinámico en su despliegue o en su repliegue.
Citas:
 (1) Entrevista a Gustavo Rossi, “El AT es un nexo, articulador, entre lo clínico y lo comunitario” en www.elpsitio.com.ar, 19 - 07 - 2017
(2) “Acompañamiento Terapéutico, su valor como dispositivo”, por Susana Kuras de Mauer – IMAGO AGENDA http://www.imagoagenda.com/articulo.asp?idarticulo=1491
(3) Rossi, G.: Acompañamiento Terapéutico. Lo cotidiano, las redes y sus interlocutores, Bs. As., Ed. Polemos, 2007 (2da Edición 2010).
(4) Acompañamiento terapéutico y psicosis (2015) – Mauricio Castejón Hermann


XII Congreso Internacional de A.T. y seminario en Cuba

Detalle de Viaje
4 días en Mexico
Salimos el 22 / 10 de EZEIZA a las 23:10 HS – Llegamos a MEXICO el 23/10 a las 07:10 HS
Incluye: Aéreo hasta México. Traslado desde aeropuerto hasta hotel y desde hotel a  aeropuerto.
4 Noches de Hotel en MEXICO: ingreso el  23 / 10 salida el 27 / 10 (desayuno incluido)
del 24 al 26 de octubre Congreso Internacional (monto Incluido)
Opciones para el día de llegada (23/10) a definir:  visita al “Centro Golondrinas”, o al “Centro Montealban” o Encuentro con estudiantes del proyecto Morelos UNAM.

4 días en La Habana
Salimos y llegamos el 27/10. 
Incluye 4 noches de hotel con desayuno. Traslados  desde aeropuerto hasta hotel y desde hotel a  aeropuerto.
Visa de Cuba.
Total:  usd 1800 + USD 70 (congreso mex)  30 dlrs

VAMOS????