Hola, hoy les presento una alternativa, hoy les propongo ver un vídeo y que pensemos la función del A.T. en ese espacio, les parece?, el vídeo lo ven por aquí
Desde la Fundación no pretendemos representar a nadie, no entablamos conversaciones políticas, ni institucionales en nombre de ningún colectivo, trabajamos arduamente en toda Latinoamérica para el reconocimiento y valoración del Acompañamiento Terapéutico, por que estamos convencidos que es la unica manera de enaltecer nuestra profesion
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lunes, 26 de marzo de 2018
LECTURA 4
Hola, hoy les presento una alternativa, hoy les propongo ver un vídeo y que pensemos la función del A.T. en ese espacio, les parece?, el vídeo lo ven por aquí
lunes, 19 de marzo de 2018
LECTURA N° 3
El AT como
informante multidireccional. A. T. y Terapeuta Gestalt Leonel Loyden
Hoy quiero compartirles una mirada sumativa respecto a una
de las funciones fundamentales del AT, creo que es una cuestión que a veces se
menciona y de la cual hasta el momento se escribe muy poco. Me refiero a la función de: Informante
Brindar información para la comprensión global del
paciente, el AT facilitará información objetiva de la observación realizada en
lo cotidiano sobre el comportamiento del
paciente, la manera en que se vincula, sus emociones, quienes conforman su
medio social inmediato, como así también dentro de las AVDs (Actividades de la
vida diaria), su tipo de alimentación, hábitos de higiene, etc.
De esta forma nos invita a pensar al AT como
informante bidireccional es decir, de lo cotidiano hacia el equipo y viceversa
facilitando así el conocimiento en profundidad del paciente y su contexto para
poder desarrollar y/o actualizar la terapéutica de manera ajustada a cada caso.
Ahora bien si imaginamos la siguiente escena en donde los protagonistas
son:
1 1) El paciente índice o asignado
2 2) La familia
3 3) El equipo
4 4) El AT ( se añade al AT por fuera
del equipo para destacar su interrelación)
¿En que otras direcciones también es necesario que el
AT cumpla con su función de Informante?
Por ejemplo si pesamos en el paciente, podemos
plantear y/o recordar el acuerdo (encuadre)
y plan de trabajo, facilitando la adherencia al tratamiento, su acción y
mantenimiento en lo cotidiano. Cómo el registro en el cuaderno de campo para
compartir con el equipo y consensuar la terapéutica.
De la familia, invitarla a colaborar, respaldándonos
en el encuadre inicial (contrato terapéutico) insistiendo en sus
responsabilidades, y que necesitamos de ellos, tanto durante el acompañamiento
como por fuera del mismo. Así mismo compartir esta información tan valiosa para
el equipo y si es necesario gestionar entrevistas frecuentes con los familiares
del paciente a modo de Psicoeducación y adherencia al tratamiento, acción y
mantenimiento del mismo.
Del equipo, por sobre todo mantener un canal de
comunicación continúo abierto y flexible el cual nos permita con alta
frecuencia, contar con la especificidad de los diferentes profesionales para
desarrollar la terapéutica de manera ajustada a la demanda actual del paciente
y su contexto.
Y por último el informe que el propio AT se hace a si
mismo mediante los registros del
cuaderno de campo o bitácora, el cual a posteriori le permitirá o pensar
detenidamente la intervención para evaluar lo acontecido, respecto a los
objetivos planteados, la planificación de las actividades, las técnicas que han
resultado, las que no, etc.
Sin duda podemos añadir el informe hacia la obra
social. Particularmente quiero solo resaltar los canales de comunicación que
hacen a la terapéutica en sí mismo.
¿Sumarías otro actor? Ayúdame… ¿se te ocurre alguna
otra dirección?
domingo, 8 de octubre de 2017
Del Rol a la función Encuentro de subjetividades, Nicolás Castelli...Diario Antipodas n°2
“No importa la estructura sino
lo que se
puede hacer con ella”
Antonio De Luca
El
acompañamiento terapéutico se ha instalado como una modalidad de abordaje en
los tratamientos por diferentes tipos de problemáticas, la multiplicidad de
casos nos convoca a preguntarnos sobre la función del AT. Tal como el
psicoanálisis lo plantea, siempre hablamos del caso por caso, la singularidad
de cada caso convoca a ocupar funciones diferentes. No hay fórmulas universales
cuando hablamos de trabajar con seres humanos, está lo particular de cada
situación y lo singular de cada sujeto.
Podemos
diferenciar tres planos: lo universal por ejemplo se puede pensar a nivel de un
diagnóstico: TGD, ADD, ADDH, TOC. Son categorías que se plantean de forma
generales y que se aplican a modo de descripción. Lo particular remite a la
situación, como decíamos no es lo mismo hablar de un niño, un adolescente, y
del lugar donde se está: la escuela, la casa; todo lo que tiene que ver con la
situación. Está el plano de lo singular, lo que remite al sujeto, a sus deseos,
sus inquietudes, sus angustias.
Si como
acompañantes quedamos fijados al diagnóstico, que suele ser la carta de
presentación a la hora de tomar un acompañamiento, aparecen los modelos de
roles a ocupar según la descripción diagnóstica, entonces el AT debe hacer tal
o cual cosa porque la clasificación nosográfica impuesta lo determina; el rol
esperado deja al AT adosado al diagnóstico, actuando así en un plano imaginario,
ya que el sujeto no es tal clasificación. Si nos quedamos con las demandas que
aparecen en el contexto, en lo particular de la situación, sea en la casa o en
las instituciones, etc., el AT queda objetabilizado, ubicado en un lugar de
uso, entonces aparece el AT reemplazando a la maestra en el aula o cuidando
hermanitos en una casa o yendo a pagar los impuestos y a hacer las compras. En
cambio, si la mirada apunta a lo singular, aparece la escucha, se tiene en
cuenta al otro, y a partir de allí se abre un campo de posibilidades.
El
trabajo del acompañante reviste entonces una responsabilidad y una convocatoria
permanente. La responsabilidad de llevar a cabo un control o supervisión de su
práctica, convocándose desde su experiencia a cuestionar su quehacer cotidiano,
para no quedar fijado a un rol estipulado de ante mano. Así como también la
convocatoria a un análisis privado, en tanto las situaciones en las que
trascurre un acompañamiento movilizan cuestiones subjetivas. No solo está lo
que le pasa a la persona que se va acompañar, sino que hay situaciones que
generan angustias, enojos, hay malos entendidos que es importante que se
trabajen en un espacio privado. Vamos a tener en cuenta que se trata de dos
seres humanos, de que hay demandas y que también está el deseo de la persona
que es acompañada. Es fundamental ver que más allá de una enfermedad o una
discapacidad el otro es un sujeto deseante.
¿Cuál es
la función que tenemos como acompañantes en cada caso?. El Acompañante
terapéutico no puede quedar fijado a un rol determinado, por eso hablamos de
función. Para esto es importante que el acompañante no esté en el centro de la
escena, que no consista él en lugar de donde debe aparecer la singularidad del
acompañado. Al igual que pasa con una discapacidad o enfermedad, donde se
termina por nominar a la persona a través de su padecimiento y no desde su
subjetividad, tal como se escucha muchas veces por ejemplo en las escuelas: “el
Down, el TGD, el ADD”. Se trata de que el hecho de que exista un acompañante no
funcione como un rótulo, “El que tiene acompañante”, porque se termina por
borrar al acompañado, desapareciendo como sujeto.
El
acompañante debe ser un posibilitador y no un obstructor del despliegue de la singularidad.
Cuando hablamos de estructuras clínicas, estás son formas o modos que usamos
para hablar de teoría, psicosis, neurosis o perversión, son figuras que nos
sirven para manejarnos en la teoría en referencia a ciertos fenómenos.
Es
menester no manejarse en el campo de lo humano con certezas o ideas cerradas
respecto del otro, ya que esto solo lleva a poner un muro con el otro a partir
de la propia mirada. Es por eso responsable el acompañante en llevar a cabo un
control de su práctica para no caer en estos sesgos que dificultan su trabajo
diario. Como también no quedar objetabilizado frente a situaciones, u obturando
espacios donde lo que debe primar es la subjetividad del acompañado.
jueves, 28 de septiembre de 2017
jueves, 31 de agosto de 2017
A.T. en Costa Rica
En Costa Rica, se ha dado algo muy particular, hemos realizado encuentros diversos para hablar de Acompañamiento Terapéutico, donde era desconocido, y aun así, una multitud inusitada, se decidieron escuchar a 1 psicoanalista Mexicano (Juan Manuel Rodriguez Penagos), una psicoanalista Costarricense (Jessica Millet) y a un Acompañante Terapéutico Argentino ( Vladimiro Chiattone), los lugares elegidos fueron el Hotel Radisson de San Jose, donde se dio cita a integrantes del colegio de Psicólogos de Costa Rica, y escucharon acerca de algo novedoso y hasta pudieron pensar este dispositivo en cada uno de sus lugares de trabajo, al otro día la cita fue en la Universidad de Costa Rica donde 100 estudiantes escucharon acerca del Acompañamiento terapéutico, 100 mas estaban en lista de espera y otra cantidad nos seguían por Streaming...Así quedo consolidado en Costa Rica el Acompañamiento Terapéutico, la Lic. Jessica Millet sera la encargada de formar a los futuros profesionales...
miércoles, 2 de agosto de 2017
EL ACOMPAÑAMIENTO TERAPÉUTICO EN URUGUAY, legitimidad y legalidad. (Periódico ANTIPODAS n°1)
EL ACOMPAÑAMIENTO TERAPEÚTICO EN URUGUAY, legitimidad y legalidad.
1 Psicóloga Clínica. Docente de
Universidad Católica del Uruguay. Diplomada
Psicoterapias en Servicios de Salud (Psicología Médica y Psicoterapia
Sistémica). Dda. Psicología (PhD) Universidad de Palermo (Argentina).
RESUMEN
El objetivo de este trabajo es conceptualizar y
reflexionar sobre la legalidad y legitimidad del dispositivo de Acompañamiento
Terapéutico en el Uruguay. El surgimiento,
consolidación y desafíos en la práctica, considerando el mismo dentro de las
políticas de salud mental del país y del sistema de Salud.
Palabras-clave: Acompañamiento Terapéutico,
Políticas de Salud Mental, Uruguay.-
INTRODUCCIÓN:
La inserción del acompañamiento terapéutico en el
Uruguay tiene una historia muy joven aún, no obstante podemos observar que
resulta un proceso que paulatinamente se va consolidando, va tomando fuerza
propia. Aunque también, justamente, por tratarse de un dispositivo nuevo, se
hace necesario remarcar la importancia de la formación para un área tan
específica.
Para definir el rol del AT, resulta necesario,
antes, definir que es el “rol” de manera general. Para ello tomaré la siguiente
definición: “...El “role” o el papel que asume un individuo en una organización
representa el conjunto de conductas esperadas de quien ocupa una determinada
posición en el grupo del que forma parte.” (Hanlon, J.M. (1968): Op. cit.)
o “ la serie de expectativas compartidas acerca de cómo una persona debiera
actuar en las distintas situaciones en las que ha de intervenir” [1]
Básicamente esta definición se aplica al ámbito
laboral, donde el rol se define en relación a la tarea que se espera que
desempeñe la persona en el puesto que va a ocupar. Por lo tanto, y no menos importante, tanto la
persona que va a desempeñar el rol debe tener claro su función (y estar formado
para ello) como la persona que contrata debe tener claro lo que está demandando.
En cuanto al primer aspecto, el del conocimiento de
la función que se desempeña, contamos con una formación específica en la
Universidad Católica: Tecnicatura en Acompañamiento Terapéutico; formación
reconocida y habilitada, con fuerte enfoque teórico-práctico para garantizar la
calidad y calificación de una tarea tan delicada.
Para las personas que contratan un AT, también la
garantía está de la mano de asignarles personas que han sido formadas especialmente
para la función.
Entonces el rol del AT, indica que se trata de un
técnico capacitado específicamente para acompañar al paciente (en la modalidad
que éste lo requiera) acompañar de manera terapéutica,
lo cual indica que existe un tratamiento a llevar a cabo, con un equipo que
piensa y propone la forma de llevar a cabo el trabajo para el logro de
determinados objetivos planteados.
Definición tan simple y tan compleja, ya que ella
conlleva la idea de la capacitación, las condiciones personales para ser AT, la
disposición a trabajar en equipo, el respeto por el paciente y su familia, la
dedicación y el compromiso con la tarea, la ética, entre otras…
Se trata de:
- Un técnico especializado (distinto a los cuidadores con trayectoria en
el país)
- Independiente (de corrientes psicoterapéuticas)
- Reconocido: tanto del punto de vista de la formación (con el aval del
Ministerio de Educación y Cultura) como de su práctica clínica (con la
habilitación del Ministerio de Salud Pública).
Pensamos que al darle un marco
institucional-Universitario con los mencionados avales la legalidad del Act
estaría bien encaminada, pero solo conseguimos asegurar la legitimidad.
En la actualidad, las demandas vienen
mayoritariamente del área educativa en la inclusión escolar; es en esta área
donde se han dado los mayores reconocimientos ya que las instituciones han
experimentado el hecho que la tarea del Act sea desempeñada por estudiantes de
carreras afines al ambiente psi y a técnicos debidamente formados y desde hace
unos pocos años, comienzan a requerir la titulación oficial para el desempeño
de la tarea. Afortunadamente, este pequeño movimiento viene a reconocer, en la práctica
y habiendo experimentado otras opciones, la especificidad del Act y remarca,
implícitamente, la importancia de la formación específica.
Cabe destacar, que no son todas las instituciones
educativas las que solicitan la formación en AT, si las más grandes, ya que
conviven las experiencias de gente no formada que trabaja como AT.
Muchas escuelas tienen hoy un enfoque de inclusión,
donde es común ver acompañantes terapéuticos que trabajan con chicos con
diferentes diagnósticos. Se trata de una fuerte apuesta al trabajo in situ, que potencia las capacidades y
minimiza los efectos de la patología.
Estos movimientos nos indican que el dispositivo se empieza a legitimar en
la sociedad, en la práctica, pero no así en la legalidad.
En el Uruguay, en los
últimos años se viene implementando una modificación del sistema se salud, con
un fuerte componente de integración de los sectores más vulnerables, con la
inclusión de la atención de la salud mental dentro del sistema de salud (no
quiere decir que antes no existiera sino que estaba topeado) con esfuerzos por
descentralizar los servicios de atención, de manera de ser más eficientes a la
hora de prevenir, y con la ampliación de la cobertura al entorno familiar del
trabajador. Se intenta un cambio a nivel de trabajo en red, conectar distintos
programas de atención y llevar el Centro de Atención a la comunidad, para que
sea más accesible a todos los sectores y se pueda reforzar la prevención en
salud.
En estos cambios, no está
considerado el Act, lo cual no es demasiado llamativo siendo que recién está
otorgándosele un lugar de mayor incidencia al tratamiento psicoterapéutico, lo
cual hace sospechar que de la mano de este cambio podría incluirse luego el
dispositivo ya que los Profesionales que puedan indicar un AT comienzan a tener
mayor participación en el sistema de salud.
Por otra parte, en los
últimos años, también, se viene gestando
un Sistema Nacional de Cuidados con la finalidad de atender a la niñez, la
discapacidad y los adultos mayores. En
estos programas tampoco están considerados los ATs, aunque cabe destacar que la
cobertura a ofrecer, apunta a la tarea de los cuidados básicos de las personas
dependientes, con patologías o discapacidades, no está considerado el trabajo
de rehabilitación ni de la terapéutica.
Con este recorrido, se
puede ver claramente que se le ha otorgado al Act un lugar de reconocimiento
desde el punto de vista de la formación, lo cual viene siendo valorado por las
instituciones demandantes que revalorizan la importancia de la capacitación específica
para el desempeño de la tarea, legitimando el Act.
Este reconocimiento de
legitimación del Act lo viene realizando el ámbito privado, no así el ámbito público
ya que no lo incluyen en los programas ni en los cambios en el sistema de
salud.
Pero, desde el punto de
vista de la legalidad de AT falta un largo camino por transitar.
Nos iniciamos teniendo que
definir el AT por lo que no es, por la negativa, en relación a los servicios
instalados en el medio local, (el AT no es un cuidador, ya que en el país se
asocia a las empresas de compañías en hospitales que tienen larga data), entramos
en la actividad explicitando lo que no somos como forma de diferenciarnos y
posicionarnos en un lugar distinto, donde se prioriza lo terapéutico frente al
cuidado, el trabajo en equipo frente a la compañía.
Actualmente, y habiendo
transitado un camino, corto pero confiable, tal vez es momento de pensarse por
lo que sí somos en el tratamiento de la salud mental en el Uruguay, y en los
procesos de rehabilitación y reinserción social. Estamos en condiciones de
crecer, de ampliar fronteras a los programas de salud comunitarios, en centros
zonales de Montevideo, acompañando los procesos de descentralización.
Este AT que ocupa un lugar tan específico y tan
difuso, donde su lugar de acción entra en conflicto con otras profesiones que
se sienten amenazadas por este nuevo agente de salud, pero que al mismo tiempo
necesita una herramienta adicional, es el caso del AT en las instituciones
educativas.
Es necesario que nos preguntemos sobre el aspecto
individual del AT, ya que necesitamos
que se involucren en este proceso de identidad y no solamente que se
descansen en las luchas institucionales por la legalidad sino que esta
legalidad también tiene que ser gestionada por los ATs como colectivo
consolidado en las prácticas.
Está claro que este movimiento no es simple, el
lugar se gana desde el hacer y este lugar no es un lugar exclusivo para el at,
confluyen, como decía, unas cuantas profesiones y saberes que se sienten
amenazadas y cuestionadas a partir del ingreso del AT. Para ello no basta con
una ley, con una institución que los respalde, aunque es necesario, parecería
no ser suficiente.
Morín [i]
en su libro “la cabeza bien puesta” dice
que el programa es la determinación de una secuencia de acciones tendientes a
lograr un objetivo, busca sin cesar juntar informaciones, verificarlas y
modificar sus acciones en función de las informaciones recogidas y de las
casualidades con las que se encuentra en el camino. La vida nos solicita la
estrategia y si es posible el arte. Es por supuesto una inversión de concepción
que habría que producir para prepararse para los tiempos de incertidumbre.”
El acompañamiento terapéutico es el arte de
trabajar en la incertidumbre, no hay certezas, el AT se acomoda al proceso de
trabajo, como dice Morín, se trata de la “estrategia de acción”. Al AT le toca
posicionarse en un lugar de tensión, tensión que, por otra parte,
le toca sostener y desde ahí desarrollar su tarea.
El AT necesita saber que el terreno de acción será incierto, no debería esperar demasiadas
certezas, y en este terreno se implementa la estrategia de acción, para lo cual
se requiere un movimiento de compromiso y posicionamiento responsable, maduro y
comprometido con esta tarea.
Para ello, resulta imprescindible que el mismo
tenga ese poder reflexivo de sí mismo, de cuál es su especificidad en el
tratamiento, de ocupar su lugar desde el respeto, con la convicción que su
accionar tocará de cerca a otros saberes pero con los que debe aprender a
relacionarse y aunar esfuerzos, esto no es solamente una tarea de las instituciones
sino que se debe complementar con ese sutil movimiento de autorización
subjetiva del AT, sin omnipotencias pero si con seguridad.
Creo que, con el camino transitado, ya tenemos que
empezar a sentirnos más seguros de nosotros mismos y que el movimiento hacia la
legalidad debe gestarse a partir de la determinación de los ATs como colectivo
que ya está legitimado en la práctica. Es decir, el nacimiento surgió con el
mayor respaldo ( el universitario) se le otorgaron los documentos
correspondientes ( las habilitaciones) la práctica les fue otorgando identidad
y reconocimiento, por lo que falta la consolidación final que implica la
legalidad oficial que, desde mi punto de vista, requiere la seguridad y la
coordinación de los Ats como colectivo consolidado.
Tal vez debamos esperar a que el sistema de salud
madure, para presentarnos al mismo como un dispositivo que viene a colaborar
con el Programa, que tiene mucho para ofrecer y que tiene un respaldo histórico
que ya cuenta con casi ocho años de experiencia y camino transitado.
Logros hay muchos, puertas por abrir y ámbitos por
recorrer, muchos más! Sigue siendo el arte de trabajar en la incertidumbre…
[1] (Levine, J.M. y Moreland, R.L.: Progress in
small group research. Annual Review of Psychology,
41, 1990, págs. 585-634.
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